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La razón por la que las videollamadas consumen nuestra energía
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Si después de reunirte en grupo a través de videollamadas sientes agotamiento, no te preocupes, no eres el único. Como casi todos nuestros encuentros cara a cara por estos días se han reducido a llamadas en plataformas en línea como Google Meet, Zoom o Microsoft Teams, cada vez más personas se están viendo extrañamente agotadas por el uso de este tipo de comunicación virtual. ¿Por qué ocurre esto?

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Según explican desde la BBC, ese cansancio está relacionado en parte con las señales no verbales que fácilmente se pierden en los chats de vídeo. Se refieren con esto al lenguaje corporal, las expresiones faciales y hasta el tono de voz que en las videollamadas no se manifiesta con claridad.

Así entonces, inconscientemente, nos esforzamos todo el tiempo para tratar de entender esas señales, por lo que la dinámica puede tornarse incómoda.

La sensación de estar siendo observados “más de cerca”

Gianpiero Petriglieri, profesor asociado de la escuela de negocios INSEAD que estudia el aprendizaje sostenible y el desarrollo del lugar de trabajo, dijo esto al medio británico:

Nuestras mentes están juntas cuando nuestros cuerpos sienten que no lo estamos. Esa disonancia, que hace que las personas tengan sentimientos encontrados, es agotadora. No puedes relajarte en la conversación naturalmente.

Tal disonancia puede empeorar frente a problemas tecnológicos (muy comunes ahora mismo) como los retrasos, el eco o las pantallas congeladas. Pero aun una conexión perfecta de nada sirve para atenuar esa sensación de estar siendo observados mucho más de cerca que en un encuentro personal, especialmente cuando sabemos que podemos ver nuestra propia cara a un lado de la pantalla.

las videollamadas consumen nuestra energía
El agotamiento está relacionado en parte con las señales no verbales que fácilmente se pierden en las videollamadas.

Por su parte, Marissa Shuffler, profesora asociada de psicología industrial-organizacional de la Universidad de Clemson, señaló a la BBC:

Cuando estás en una videoconferencia, sabes que todos te están mirando; estás en el escenario, así que surge la presión social y la sensación de que necesitas actuar. Ser performativo es estresante y más estresante.

Otro factor que contribuye al agotamiento es la naturaleza unidimensional del entorno como tal. Lo que normalmente se daba en medio de modernas oficinas, acogedores sofás en las salas de los amigos, restaurantes favoritos y otros sitios ha quedado limitado temporalmente a una pantalla.

Cómo explicó el profesor Petriglieri, es algo así como tener una cita, una reunión de trabajo y un encuentro familiar en el mismo bar. Y aunque estemos habituados al uso en el trabajo de aplicaciones de videollamadas como Zoom, incluso estas comunicaciones virtuales nos pueden terminar pareciendo reuniones presenciales.

No obstante, este agotamiento colectivo no solo es producto del los chats de vídeo en sí. Puede que también tenga que ver con nuestra salud mental durante la vida en confinamiento. Por ejemplo, si estás un poco inquieto o más ansioso de lo normal, las videollamadas pueden actuar como un recordatorio tácito de que tu vida ha sufrido un cambio.

¿Qué podemos hacer para sentirnos mejor?

Lo primero que Petriglieri y Shuffler recomiendan para mitigar la fatiga causada las videollamadas es limitar su uso estrictamente para lo necesario.

Tener la cámara activada debe ser opcional. Los gerentes pueden ser más flexibles y dejar claro que las cámaras no siempre tienen que estar encendidas durante cada reunión. Mover la pantalla a un lado, en lugar de mirarla en línea recta, también podría ayudar a concentrarnos, particularmente en las reuniones grupales, dice Petriglieri.

Te hace sentir como si estuvieras en una habitación contigua, por lo que puede ser menos agotador.

Qué podemos hacer para sentirnos mejor
En algunos casos vale la pena considerar si los chats de vídeo son realmente la opción más eficiente.

Sugiere además tomarnos un tiempo en las reuniones para ponernos al corriente antes de dar inicio a la agenda de trabajo.

Dedica algo de tiempo a verificar el bienestar de los demás, es una manera de volver a conectarnos con el mundo, mantener la confianza y reducir la fatiga y la preocupación.

Establecer períodos de transición entre las reuniones virtuales también puede ayudar a relajarnos. Intenta estirar, hacer algo de ejercicio o incluso tomar una copa, dicen los expertos.

La limitación y las transiciones son importantes. Necesitamos tener espacios que nos permitan dejar a un lado una identidad y tomar otra a medida que nos movemos entre el entorno laboral y la vida privada.

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