Cómo una banda de estafadores logró robar 19 millones de dólares en Iphones

Cómo una banda de estafadores logró robar 19 millones de dólares en Iphones
Imagen ilustrativa.

En una sociedad enganchada al móvil, el iPhone es el oscuro objeto de deseo para una buena parte de la población. Y muchos harían lo que fuera por tener el último modelo a un precio más reducido.

Para satisfacer esa demanda están los nuevos delincuentes centrados en el mercado tecnológico.

Hace unos meses detuvieron a dos estudiantes de Oregón por vender iPhones falsificados como reales. Este fraude costó a Apple 900.000 dólares.

Pero esta estafa no es nada comparada con la que después salió a la luz, también con iPhone como protagonista. Según el medio Quartz, una trama criminal de Nueva York ha estado siete años robando los teléfonos de Apple en una compleja y curiosa operación que se ha valorado en 19 millones de dólares.

¿Cómo lo hicieron?

Los estafadores conseguían identidades y tarjetas de crédito falsas para suplantar la personalidad de sus legítimos titulares. Haciéndose pasar por ellos acudían a diferentes locales de telefonía. Compraban los mejores teléfonos con esas credenciales sustraídas y pagaban siempre a plazo.

Cuando el legítimo dueño de la tarjeta se daba cuenta del engaño, ya era tarde. El teléfono móvil, que no había comprado realmente, ya había sido vendido por los estafadores.

Una organización criminal
Los estafadores conseguían identidades y tarjetas de crédito falsas para suplantar la personalidad de sus legítimos titulares. (Imagen ilustrativa)

Según la investigación judicial, esta trama criminal actuaba en negocios minoristas de 34 estados diferentes, lo que da una prueba de la magnitud de la operación criminal. No se sabe exactamente cuántos teléfonos pudieron robar con este método ni a cuantos clientes alcanzó su estafa.

Una organización criminal

Los estafadores no eran unos simples delincuentes. Formaban una auténtica organización criminal con todos los elementos característicos de estas, como fuerte jerarquía y división clara de funciones.

Dentro de la trama, estaban los “tog dogs”, que se encargarían de organizar los viajes y vender los teléfonos robados. En el siguiente escalón de la jerarquía criminal se encontraban los responsables de obtener la documentación falsa (carnets y tarjetas de crédito). En la parte más baja de la cadena, estarían los conductores, que se encargaban de ir a los distintos estados para recoger los teléfonos y después llevarlos de vuelta a Nueva York.

Un testigo protegido contó que había hecho 18 viajes para la organización. Por cada teléfono que conseguía robar con este método se embolsaba 100 dólares. También contó que la organización le proporcionaba una tarjeta bancaria y una falsa identidad para cada operación.

La caída

Todo se derrumbó en 2014, gracias a los sospechas de un empleado de una empresa de transporte que dio la voz de alarma a la policía.

Le llamó la atención de que una gran cantidad de paquetes, que tenían el mismo destino en Nueva York, fuesen pagados en efectivo. Esto significaba que la empresa no tenía cuenta abierta en la compañía de envío. También pudo comprobar que desde otras delegaciones, fuera del estado de Nueva York, se estaban enviando paquetes a los mismos destinos y también pagados en efectivo.

legítimo dueño de la tarjeta
Cuando el legítimo dueño de la tarjeta se daba cuenta del engaño, ya era tarde. (Imagen ilustrativa).

En el registro policial, encontraron 253 teléfonos móviles y docenas de tarjetas de crédito falsas, así como numerosas falsificaciones de carnets de conducir y de otros documentos identificativos. Hay 6 personas acusadas. Todos se han declarado inocentes y están en libertad bajo fianza.

Impresionan las magnitudes de la estafa, perfectamente diseñada. Pero este tipo de operaciones que involucran a tantas personas y que requieren de tanta planificación, tarde o temprano terminan de la forma más inesperada. Como en este caso, por las sospechas de un modesto empleado de paquetería.

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